Las organizaciones no sobreviven por tamaño, sobreviven por capacidad de transformarse.
Davivienda no nació como banco. Nació como una corporación de ahorro y vivienda, en un sistema financiero cerrado, protegido y con reglas muy distintas a las actuales. Y aun así, logró convertirse en uno de los bancos más grandes y queridos de Colombia y Latinoamérica. No por casualidad. Por visión, por disciplina y por una apuesta temprana por la innovación como motor de competitividad.
Desde los años setenta, el Grupo Bolívar entendió algo que hoy sigue siendo incómodo para muchas empresas: mirar solo el mercado local es una forma lenta de desaparecer. Por eso, antes de que la innovación se pusiera de moda, ya estaban observando qué pasaba en Israel, en África, en China, en Estados Unidos y en Europa. No para copiar, sino para aprender.
La innovación, como la entiende Efraín, no es “tener un laboratorio bonito”. Es hacer a la organización más competitiva, más eficiente y más cercana a las personas.
Uno de los grandes quiebres fue aceptar que el talento no vive solo en la alta dirección. Vive en toda la organización. Por eso adoptaron metodologías que democratizaban la innovación, permitiendo que cualquier persona desde cualquier rol pudiera proponer mejoras, productos y nuevas formas de hacer las cosas.
El segundo quiebre fue entender que la tecnología es un medio, no el fin. Davivienda fue pionera en cajeros automáticos, en oficinas abiertas, en el uso masivo de tecnología, pero siempre con una pregunta clara: ¿esto le mejora la vida al cliente?
Esa pregunta fue la que dio origen a Daviplata.
En 2011, cuando la conectividad era limitada y los smartphones no eran masivos, Davivienda lanzó una cuenta de ahorro que funcionaba desde un celular básico, incluso solo con mensajes de texto. Inspirados en modelos africanos y brasileños, rompieron un paradigma: cualquier colombiano, en cualquier lugar, con cualquier celular, podía tener una cuenta bancaria.
El resultado fue explosivo. Millones de personas bancarizadas. Pagos sin filas. Subsidios entregados sin efectivo. Menos riesgo de robos. Más seguridad. Más dignidad financiera.
Lo interesante no fue solo la escala, sino el principio detrás: cero costo para el usuario. Porque cuando el volumen crece, el costo marginal se vuelve casi nulo. Y porque la inclusión financiera no puede construirse cobrando barreras de entrada.
Daviplata no solo fue un producto. Fue un generador de clientes, de data y de oportunidades futuras. Muchos de esos usuarios, años después, se convirtieron en clientes de otros productos del banco.
Luego vino otro salto aún más disruptivo: aliarse con quien parecía un competidor.
En 2019, Davivienda decidió asociarse con Rappi. No para defenderse. Para aprender y construir juntos. De un lado, la agilidad, la cultura startup y la relación diaria con millones de usuarios. Del otro, el conocimiento profundo del riesgo, la regulación y la banca.
Así nació RappiPay y, más adelante, RappiBank.
La lógica fue clara: los bancos tradicionales saben manejar riesgo y fondeo; las startups saben diseñar experiencias, moverse rápido y leer al cliente. Separados compiten. Juntos crean algo nuevo.
Efraín es claro: los neobancos no son una amenaza pasajera. Son una realidad. Van a capturar segmentos, sobre todo en banca personal. Y obligan a los bancos tradicionales a cambiar su enfoque: menos comisiones, más valor; menos sucursales, más relación; menos productos, más soluciones.
El cliente no quiere un crédito hipotecario. Quiere un hogar.No quiere una tarjeta. Quiere viajar, comer mejor, vivir experiencias.
Quien entienda eso. tradicional o digital, ganará.
Otro aprendizaje clave aparece una y otra vez: la innovación requiere tolerancia al error. Las organizaciones que creen que “ya se la saben todas” son las más vulnerables. Equivocarse rápido, corregir rápido y volver a intentar no es debilidad. Es supervivencia.
Y para que eso ocurra, la alta dirección tiene que estar convencida. No solo permitir la innovación, sino impulsarla, protegerla y financiarla. Si la cabeza no cree, el cuerpo no se mueve.
Pero nada de esto funciona sin algo más profundo: principios y valores.
Efraín insiste en que el liderazgo no se trata solo de habilidades técnicas. Se trata de respeto, de ética, de humanidad. De entender que las empresas existen para servir personas. Que la familia importa. Que el impacto social importa. Que la rentabilidad sin propósito es frágil.
Incluso cuando habla de inteligencia artificial, el enfoque es el mismo: usarla para educar financieramente, para reducir la desinformación, para empoderar a las personas, no solo para vender más.
Preguntas frecuentes
¿La innovación es solo para empresas grandes?
No. La innovación es una decisión estratégica. El tamaño no garantiza competitividad; la mentalidad sí.
¿Cómo innovar sin asumir riesgos excesivos?
Innovar siempre implica riesgo. La clave es equivocarse rápido, medir, corregir y volver a intentar. El mayor riesgo es no hacer nada.
¿Qué fue clave para el éxito de Daviplata?
Pensar en el problema real del usuario, usar tecnología simple, eliminar costos de entrada y diseñar para escala desde el inicio.
¿Los neobancos van a reemplazar a la banca tradicional?
No completamente. Van a coexistir. Pero obligarán a los bancos tradicionales a transformarse profundamente.
¿Qué aprendió Davivienda de Rappi?
Velocidad, cultura ágil, experiencia de usuario.
¿Y Rappi de Davivienda?
Gestión de riesgo, regulación, sostenibilidad financiera.
¿Es más importante el liderazgo humano o el técnico?
Ambos importan, pero sin valores y respeto, el conocimiento técnico no construye organizaciones sostenibles.
Cierre
La innovación no es una moda ni un discurso. Es una práctica constante de observar el mundo, aprender de los mejores, asumir riesgos y poner a las personas en el centro.
Davivienda no se transformó por casualidad. Lo hizo porque entendió que competir es evolucionar, que innovar es servir mejor y que el verdadero legado de un líder no es el cargo que ocupa, sino la cultura que deja.
Como dejó claro Efraín Forero: una organización viva es la que nunca cree que ya llegó.