En una conversación honesta y sin filtros, Magda Galindo vicepresidente Fintech de Promigas y exlíder en Motorola, El Tiempo, BBVA y Rappi, pone sobre la mesa una verdad incómoda para muchos líderes tradicionales: las reglas del liderazgo cambiaron, y no pedir permiso.
Hoy no basta con experiencia. No basta con jerarquía. No basta con “así siempre se ha hecho”.
El reto real es otro: aprender a hackearse a uno mismo antes de intentar liderar a otros.
Magda pertenece a la generación X, pero ha trabajado y sido liderada por millennials y centennials. Esa experiencia la llevó a desmontar varios mitos que siguen circulando en las organizaciones.
El primero: que los jóvenes no aguantan.
El segundo: que no tienen compromiso.
El tercero: que son una “generación de cristal”.
La realidad es otra.
Los centennials no le tienen miedo a renunciar. Pero tampoco le tienen miedo a los retos difíciles. No le temen a hablar con reguladores, a liderar proyectos críticos o a asumir responsabilidades que antes tomaban años. Lo que no toleran es la incoherencia, el vacío de propósito y el liderazgo desde el escritorio.
Aquí aparece la primera gran lección: poner talento joven a hacer tareas irrelevantes es desperdiciar capacidad estratégica.
Si un recién egresado solo llena Excel sin impacto, no se va porque sea débil. Se va porque es inteligente.
El segundo quiebre tiene que ver con el conocimiento.
Durante años se asumió que el líder debía ser quien más sabía. Con los millennials eso se rompe. Ellos llegan con más información, más formación técnica y más velocidad de aprendizaje.
El liderazgo deja de ser “saber más” y pasa a ser conectar puntos, dar contexto y tomar decisiones.
Para muchos líderes esto es incómodo. Porque exige soltar el control intelectual. Pero quien no lo hace, se queda solo.
El tercer punto es quizás el más difícil: salud mental y vulnerabilidad.
Los jóvenes no hablan más de emociones porque sean frágiles. Hablan porque pueden. Porque no están dispuestos a normalizar el desgaste silencioso que generaciones anteriores aprendieron a ocultar.
Esto confronta directamente a los líderes. Hablar de emociones incomoda. Escuchar “hoy no estoy bien” no viene con manual. Pero ignorarlo sale más caro.
Magda lo resume con claridad: la vulnerabilidad no es queja, no es victimización y no es quedarse atrapado en el dolor. Vulnerabilidad es reconocer el estado emocional, gestionarlo y seguir avanzando. Y, sobre todo, permitir que el líder también sea humano.
El liderazgo con nuevas generaciones no se ejerce desde la distancia.
Se ejerce metido en la operación.
No como micromanagement, sino como ejemplo. Vendiendo, escuchando clientes, recibiendo quejas, construyendo junto al equipo. Las generaciones jóvenes difícilmente conectan con líderes lejanos que solo aparecen para evaluar resultados.
Otro concepto clave atraviesa toda la conversación: hackear el sistema.
Innovar no es solo tecnología. Innovar es cuestionar los supuestos mentales que nadie se atreve a tocar. Es decir “¿y si no lo hacemos como siempre?”. Es permitir que el equipo rete las ideas del líder. Es aceptar que el status quo también se puede romper desde adentro.
Magda lo vivió en Rappi, donde hackear era parte de la cultura. Y hoy lo aplica en una empresa del sector energético, demostrando que la innovación no pertenece solo a startups: pertenece a quienes se atreven.
Ese mismo principio la llevó a tomar una decisión radical: renunciar a una posición cómoda para alinearse con su propósito. Hoy lidera una fintech enfocada en inclusión financiera, llevando crédito a poblaciones históricamente excluidas.
Aquí aparece otra verdad incómoda: los centennials son la generación del propósito.
No conciben una vida profesional desconectada del impacto social. Y si el líder no ha hecho ese trabajo interno, todo le incomodará de ellos.
Por eso, antes de liderar equipos multigeneracionales, hay una tarea previa e ineludible: liderarse a uno mismo.
Escucharse. Cuestionarse. Reconectar con el para qué.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa liderar millennials y centennials “sin morir en el intento”?
Significa adaptar el liderazgo a nuevas expectativas: menos jerarquía vacía, más propósito, más feedback real, más aprendizaje y más cercanía operativa. No se trata de “consentir”, se trata de evolucionar.
¿Los centennials son una “generación de cristal”?
No necesariamente. La diferencia es que hablan más de salud mental y emociones. No son más frágiles: son más explícitos. Y eso exige líderes capaces de escuchar sin incomodarse.
¿Por qué los jóvenes renuncian tan rápido?
Porque no le temen al cambio, pero sobre todo porque no toleran tareas sin sentido, falta de crecimiento, incoherencia cultural o liderazgo distante. Si el trabajo no tiene impacto ni desarrollo, se van.
¿Cómo puede un líder conectar con equipos multigeneracionales?
Con tres pilares: curiosidad (aprender sin ego), ejemplo (estar presente en la operación) y conversación real (feedback, propósito, salud mental). Conectar no es “hablar como ellos”, es ser auténtico y coherente.
¿Qué es “hackear el sistema” en liderazgo e innovación?
Es retar lo establecido: procesos, ideas, narrativas, supuestos. Es permitir cuestionamientos, experimentar y cambiar sin depender de “así siempre se hizo”. Hackear es no conformarse con la tradición.
¿Qué rol juega la salud mental en el liderazgo actual?
Es central. Las nuevas generaciones ponen el tema sobre la mesa y esperan líderes capaces de sostener conversaciones humanas. Ignorar salud mental rompe cultura, aumenta rotación y reduce desempeño.
Cierre
El liderazgo que viene no es para los que mandan más. Es para los que aprenden más rápido.
No se trata de entender a millennials y centennials como “un problema”. Se trata de entender que ellos son el termómetro del futuro: exigen propósito, piden feedback, se mueven sin miedo y no negocian su bienestar.
Y eso obliga a una decisión: o el líder se reinventa, o se vuelve irrelevante.
Porque el cambio no pregunta si estás listo. El cambio llega.
La fórmula es simple, pero no es fácil: mata el ego, activa la curiosidad y atrévete a hackearte primero. Ahí empieza el liderazgo real.